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'Agua, quo vadis?'

Julio 18, 2011

En esta ocasión la noticia de la derivación del Tajo al Segura ha pasado sin pena ni gloria, casi de puntillas. Disponer de 270,8 hectómetros cúbicos para trasvasar a los pueblos y huertas de la cuenca del Segura sigue siendo una temeridad. Dicen las frías estadísticas que los embalses de Entrepeñas y Buendía están al 51%, mientras que los de la cuenca receptora de discount levitra cialis viagra ese caudal se encuentran al 67%. No solo no se necesita ese volumen de agua sino que el estrés hídrico que padecía el Segura ha desaparecido como por ensalmo. Las desaladoras están paradas porque no les hacen falta recursos extras. ¿A qué obedece entonces ese empeño depredador sobre un recurso que no sobra en nuestra tierra?

¡Houston, Houston, tenemos un problema! Aunque es en la capital toledana donde martillea ese grito de socorro. Tras el atronador fracaso del Estatuto de Autonomía en el Congreso de los Diputados, que pretendía dotarnos de una lámina estable en los pantanos de cabecera, esa comarca ribereña que por estas fechas languidece de viagra tablets 100mg sed, estamos desamparados. Quieren cometer otro expolio en el Tajo cuando aún no se han determinado ni siquiera sus caudales ecológicos ni sus problemas medioambientales. Todos los pueblos y ciudades ribereñas de Castilla-La Mancha tienen una ocasión propicia en el aprovechamiento de sus riberas como recurso turístico, ambiental. Desde Alocén a Talavera de la Reina, el descenso en los niveles y en el caudal ecológico por culpa del trasvase ocasiona pérdidas irreparables en diversos sectores económicos, desde los cultivos al turismo.

Hoy, desde mi sillón, con vistas al campo, descubro terrenos repletos de cereal. Se recoge la mies y se agostan los sembrados. Amarillean los cultivos, la tierra arcillosa se rasga con zarpazos de estío. El agua no se ve pero fluye, profunda e invisible. Vivo en un pueblo donde abundan manantiales y fuentes. Su nombre comienza por ‘Ye’, prefijo feudal que anuncia una tierra rica en aguas freáticas. Arroyos y caños de agua pura regalan un cauce frío y constante, incluso en pleno mes de birth of a viagra salesman agosto, en la fuente de los cuatro caños de Yebes.

Uno de mis anhelos es conseguir, en colaboración con mis vecinos, que el pueblo transforme en huertos ecológicos algunos espacios, recoletos y escondidos, que las vegas de nuestros arroyos alivian con agua y llenan de productos de huerta. Quiero que esos urbanitas que abominamos de la ciudad y amamos el campo, disfrutemos del tiempo tal y como manda la madre naturaleza. El necesario para ver crecer los pepinos sanos y robustos. Y las lechugas y tomates criados entre el sol y la tierra. Con esa agua tan necesaria, de efectos balsámicos, que aún no depredan desde otras regiones porque somos pequeños. No debería ser un sueño truncado más por un trasvase injusto.

De ‘Ninette y un señor de buy cheap viagra online uk Murcia’, espléndida comedia de Miguel Mihura, me quedo obviamente con Ninette. Se llame Victoria Vera o Elsa Pataky. Porque me robará el corazón pero no el agua. Entretanto, confiemos que se imponga el sentido común al bandolerismo político. Que se aporten soluciones al problema del campo murciano y el golf del aluvión, y no paguemos en Castilla-La Mancha los desafueros urbanísticos del Levante español. Justos por pecadores.

Unas buenas collejas

Junio 02, 2011

 

Que nadie piense que voy a hacer de analista político. Nada más lejos. Ya saben que lo mío es el campo y las personas. Fíjense que lo mejor que nos llevamos a veces, cuando estamos en la trinchera enzarzados en la defensa de nuestras ideas, es la gente y no siempre del bando propio.

En estas elecciones ejercí de apoderado en una mesa electoral. Tuve ocasión de conocer a miembros de las lista electorales de otros partidos. Vivo en un pueblo pequeño y en seguida conecté con quien era más campechano, más sencillo. No sé a ustedes, pero a mí me gusta la gente sin alardes, capaz de encontrar sitios comunes, de descubrir vivencias sin dar lecciones. Era una persona del pueblo, era un opositor político.

Sin embargo algo nos unía en grado sumo. Nuestro gusto por la tierra. La creencia de buy viagra online cheap que hay que conservar y proteger un núcleo pequeño, el medio rural. En la conversación afloraron parcelas, manantiales, veredas. Y de una cosa a la otra, los frutos de la tierra. Sabía que había viñas. El pueblo está plagado de bodegas en cuevas, muchas hundidas. Forman parte del paisaje de la zona, desde Romanones a Horche. Recoletas cavidades que recogían el mosto de la viña familiar, un vino joven, de pitarra, de consumo en la intimidad.

Y los olivos. De aceituna prieta, verde oscuro, pulpa y néctar de almazara en franco retroceso. Todos estos tesoros fluían en una conversación que comenzó a llenarse de preguntas, de anhelos comunes. Como defender estos cultivos, incorporar los nuevos usos a tan centenarias tradiciones. La etiqueta biológica, la excelencia varietal en el fruto, la denominación de origen. Retales de generic cialis overnight delivery anhelos difusos, sin concreción, que nos permitían soñar con un futuro mejor para nuestro pueblo en aquella furtiva conversación entre sufragio y sufragio.

En esa magia de propuestas voluntariosas a favor del campo, acudió con fuerza el quehacer culinario de nuestras madres, de nuestras abuelas. Antes era pauta común el conocimiento del entorno. El bosque, los cultivos, para aprovechar los recursos que nos ofrecía la tierra de manera natural. Recuerdo el intenso aroma del poleo en infusión que mi abuela recogía. El te de roca, la ambientación natural del espliego. Donde vivimos, el romero y el tomillo no solo son delicias para las abejas. Dan sabor a nuestros paseos y guisos.

Sin embargo, el tesoro oculto de este encuentro entre vecinos, rivales políticos pero defensores de lo elemental, llegó con las collejas. Nunca antes oí hablar de viagra from pharmacy western australia collejas que no fuera para dar o recibir, semántica o físicamente. Ahora me las ofrecían en tortilla. Les traslado la mejor descripción posible de qué es la colleja y cómo se prepara de la mano de José Alonso Lázaro y Amelia Pastor del Amo.

"La colleja es una planta silvestre comestible. Se cría en terrenos flojos, por ejemplo, en las viñas y en los valladares de las tierras en las que se cultiva cereal. Son de color verde manzana, echan una flor blanca y las semillas están en una especie de campanilla. Al crecer, nace un espigón del que salen las campanillas que contienen las semillas. El mejor tiempo para cogerlas es la primavera, desde principios de paypal to buy viagra abril hasta mediados de mayo. Se cortan, a ser posible, sin arrancar la raíz, aunque, si la tierra está muy húmeda, puede salir toda la planta al intentar cortarlas. Suelen crecer en rodales y, si son bastante altas, se corta sólo la parte de arriba, es decir, las cuatro o cinco hojas primeras que forman como una especie de espiga, porque son las más tiernas. Si no se arranca la raíz, pueden volver a brotar. Tienen un período de crecimiento de por lo menos quince días. Son más tiernas y crecen más cuanto menos las dé el sol, por eso las mejores se encuentran a la sombra de otras plantas o hierbas más altas."

"Para prepararlas se cogen con la mano las hojas de arriba, que son las tiernas, y las otras se tiran. Se han de viagra 50mg cost lavar bien para quitar la tierra y, a continuación, se ponen a escurrir. Después se secan con una servilleta de papel para que acaben de dejar el agua y no salten en la sartén al freírlas. Luego se pone una sartén al fuego con no mucho aceite y, al mismo tiempo que se van friendo, se cortan con unas tijeras para que se queden más menudas. Han de quedar, un término medio, ni muy fritas ni poco; que queden jugosas. Después se bate el huevo, se mezcla con las collejas ya fritas y se hace igual que una tortilla francesa."

Por hoy les dejo con esta delicia, no lo duden. Dejaré mi sempiterno sillón ante esta Alcarria alfombrada de verde, con vistas al campo y voy a por mi propia ración de collejas. ¡Qué aproveche!

El campo, en conciencia

Mayo 19, 2011

Tengo cincuenta y un años. Soy de una generación que vivió , con intensidad, la transición desde la dictadura al sistema democrático actual. En mi juventud protestar, luchar por unos ideales defender tus creencias con ilusión tenía un toque heroico. En la calle, en la universidad, en los centros de trabajo impulsábamos , con pasión, las necesidades que un régimen decrépito y trasnochado negaba a la ciudadanía. Igualdad social, derecho a la libertad de expresión, servicios públicos de calidad, sanidad y educación para todos eran hitos, que no teníamos , que no disfrutábamos.

Tengo cincuenta y un años. He conocido personas admirables, personas a quienes he escuchado con satisfacción, de quienes recibes un mensaje que reconforta, percibes que habla desde el corazón, que descubre su conciencia. Conecto con ellos por ese reconocimiento íntimo, inconsciente, natural. Todos sabemos cuando actuamos conforme a nuestra conciencia, nuestro propio Pepito grillo.. El arquetipo de conciencia tranquila que describe Jung en su inconsciente colectivo o el imperativo categórico de Kant modulan e intentan describir ese sitio común que a veces acallamos, olvidamos.

Hay señas de identidad que me muestran en quien puedo confiar. Valoro un apretón de manos sincero, entregado. Valoro a quien es capaz de defender con pasión sus creencias pero con respeto. Valoro a quien demuestra con hechos lo que proclama, en la calle, con las personas. Me gusta la cercanía de verdad, la que adviertes en quienes no escatiman esfuerzos para hacer esa "milla extra", una puerta más, un pueblo más. El mejor jefe, el que trabaja más que tú.

Aquí de nuevo, sentado ante la campiña, recuerdo con nitidez las veces que sentado en una piedra, o apoyado en un árbol o compartiendo un paseo he escuchado a personas del entorno rural con una experiencia tan diferente a la mía. Y sin embargo conectados, unidos en lo básico, en un terreno común que en la ciudad se pierde, se trastoca con tanta superficialidad.

Llegan unas elecciones vitales para nuestra provincia. Muy importantes para nuestro campo, para nuestros pequeños pueblos. Yo solo deseo que salga quien salga, no debe olvidar que la esencia de nuestra tierra parte de núcleos rurales que siguen secándose como el olivo. Que es necesario una vuelta de tuerca para hacer atractiva y posible la vida familiar , los servicios básicos, las comunicaciones. En definitiva nuestros pueblos son la última frontera entre las megaurbes que fagocitan a la población mundial y la naturaleza que languidece entre plástico y olvido.

Con cincuenta y un años cada vez hago más caso a mi corazón. Ahora creo a mi conciencia , sin dudarlo, fío a mi intuición ese primer vistazo que damos todos. Posiblemente la experiencia te ofrece suficientes ensayos de "prueba-error" como para extraer certezas donde antes fiabas a otro la fuerza de la razón.

Ahora más que nunca, nuestros pueblos necesitan de una mano firme, de un corazón generoso, de un impulso sincero para ocupar el lugar que se merece, que merecen nuestros mayores, y sus casas, sus parcelas, sus sembrados, nuestros bosques, nuestros arroyos.

Es ahora cuando debemos fiar a la conciencia, a las señales de nuestro inconsciente la elección de un nuevo gobierno en nuestra comunidad. Por encima de los mensajes que cada uno traslada a su público hay un pálpito, una sensación, una intuición. Sea cual sea no defrauden a su conciencia.

Vivo en un pueblo con el corazón dividido. "Partío" que diría aquel. Un municipio con dos núcleos muy diferenciados. En un polo, un pueblo pequeño, recóndito, en el que el silencio es tan tenaz que duele. En el otro, una macro urbanización, pocos vecinos y mucho futuro. Entre los dos estamos los vecinos y los partidos políticos.

Algunos queremos avanzar, crecer en armonía, construir un futuro en equipo. Y los hay que se empeñan en dividir para ganar, los que ven un camino egoísta, propio, sin el otro, los que olvidan adonde vinieron para empezar de nuevo, que protegen el pueblo a ultranza o quienes aún creen que viven en Madrid. Si, pero en La Alcarria.

Hoy, desde mi gastado sillón, con vistas al campo, quiero rendir tributo, a través de mi pueblo de adopción, Yebes, a todos los pequeños pueblos. A los que ven su presente y su futuro trastocados con desarrollos urbanísticos que parecían su tabla de salvación. Y sin embargo siguen siendo pueblos, con olor a ayer, con silencios sin par.

Miren, opino que las fórmulas para salir airosos de este cruce de caminos, de este crisol de lugares, solo puede llegar mezclando la coctelera llamada "oportunidades de desarrollo". Añadan todas las ventajas que los dos núcleos de Yebes, el pueblo y Ciudad Valdeluz, pueden contener, junto a dos partes de sentido común, otra de innovación y una pizca de apoyo al emprendedor. El resultado es un cóctel equilibrado, sostenible, rico en matices, con un intenso aroma a futuro.

Las ventajas de Ciudad Valdeluz resultan evidentes. Vivienda de calidad, entorno cuidado, cercanía a Guadalajara, AVE. Pero no es suficiente. No, si quieren algo más que una ciudad dormitorio. Un entorno seguro, con todos los servicios, donde las empresas aspiren a hacerse un hueco por su ubicación estratégica, al lado del AVE, con un atractivo campo de golf. Donde deporte y cultura enriquecen la agenda de los vecinos, de los niños. Donde la cercanía a la naturaleza es un valor a exportar. Con un pueblo a tiro de piedra, pequeño, recóndito, que está en el origen de todo y que hay que preservar.

¿Y qué aporta el pueblo a ese futuro? Entre las variables que siempre se barajan al hablar de un pequeño núcleo, como sosiego, entorno natural, patrimonio histórico, hay un gran tesoro por explotar. Es el Centro Astronómico de Yebes, que constituye en la actualidad el centro de desarrollo tecnológico más importante de cuantos conforman el

Observatorio Astronómico Nacional (OAN)

y es uno de los diez centros de investigación científica totalmente españoles clasificados como Gran Instalación Científica. Hasta ahora se habla del CAY como un sitio pintoresco para visitar los viernes, una curiosa instalación que descolla sobre el paisaje en los días soleados desde cualquier punto del municipio.

Les invito a fantasear un poco con el futuro. Imaginen que Yebes y Valdeluz fueran conocidos en toda España por albergar una instalación que uniera en un mismo lugar tres aspectos fundamentales de la astronomía: el científico, el formativo o cultural, y el lúdico. Que esa instalación fuera el motor de la promoción turística de la zona, un referente del turismo de calidad que influyese en el número de visitantes del pueblo, el campo de golf y las localidades de la zona. ¿Se lo imaginan?

Que la atracción de visitantes promoviese la creación de hoteles, casas rurales, restaurantes, comercio minorista en Yebes y en Valdeluz. Que se multiplicase el transporte por carretera obligando a mejorar los viales y que el AVE se acercara a la ansiada demanda para ampliar frecuencias y servicios. Que las actividades de este centro incluyeran visitas diurnas y nocturnas, charlas, talleres, exposiciones. Una actividad constante que suscitara notoriedad, conocimiento y riqueza. Que la actividad generara empleo local. Tanto por la propia instalación como por los sectores de actividad auxiliar relacionados, como son la hostelería, la hotelería, el comercio minorista, etc. ¿Se lo imaginan?

No les detallo más. Les estoy hablando del nuevo Parque Astronómico de Yebes. Un lugar para alcanzar las estrellas y consolidar el futuro de todos. No tiene por qué ser incompatible con el trabajo que realiza el actual CAY. Una instalación de ese tipo necesitaría de la concurrencia de organismos públicos, patrocinadores privados y ayuntamiento. No es nada descabellado. Ya está inventado.

Si alguno cree que es una quimera, un sueño imposible, les recomiendo que echen un vistazo a la página web del PARQUE ASTRONÓMICO DEL MONTSEC. Si ellos pudieron, ¿por qué nosotros no? Hace falta voluntad, diálogo y tesón.

Estoy seguro que las oportunidades de ese centro de ocio y recreativo, científico y formativo, de nuestro pueblo cambiaría esa barrera que ahora hay entre los vecinos que quieren avanzar y los partidos que quieren dividir. ¿Se lo imaginan?

Voluntad de hierro

Abril 01, 2011

Eso es lo que transmiten las personas que se integran y perseveran al frente de una colectividad cívica. De cualquiera índole. Las asociaciones culturales, de mujeres, deportivas o de vecinos, vertebran en buena parte de nuestros pueblos y ciudades la voluntad de conseguir un bien común, un espacio compartido, una sociedad más solidaria, más cercana.

En otras culturas y países, a falta de un estado protector es el tejido social el que busca otras formas de integración entre vecinos. El amparo que los credos brindan a sus respectivos fieles o la vinculación de la vida escolar con actividades sociales. Se supedita la escala de valores tradicionales con el objetivo de generar interacción, confianza, una red de apoyo. Se busca un hueco a las aspiraciones propias y mejor si es en compañía.

De nuevo miro entre las encinas, por mi ventana, con vistas al campo. Cada vez son más los que en nuestros pueblos, pequeños o grandes, acuden a bailes de salón. Deciden aprender a navegar o se inician en el macramé. Siempre con una asociación detrás. La oferta que podemos encontrar es tan amplia como vecinos en un pueblo encuentres que estén dispuestos a secundarla. Desde luchar contra una enfermedad catalogada a reunir en las tardes de sábado a nuestras madres en torno a una mesa llena de manualidades, café y una conversación agradable.

Estas líneas son un homenaje a todos aquellos que reman en la misma dirección para que en su ámbito, su tierra, puedan crearse espacios solidarios. No importa el objeto asociativo. Lo esencial es el afán, los pequeños logros. Reunir a personas y orientar sus esfuerzos en una causa común. Los ayuntamientos no siempre prestan la debida atención a las asociaciones de su pueblo. Y deberían. No son competencia sino aliados.

La fortaleza de un tejido social vertebrado en torno a la participación vecinal genera lazos solidarios y de implicación con el bien común. La creciente pasividad ciudadana y el desinterés son una carcoma que no debe contagiar a nuestro campo.

Un ejemplo de tenacidad ha llegado a mis oídos hace bien poco. La Asociación Cultural "Entretodos" está llevando a cabo labores de mejora en caminos y veredas del entorno de La Huerce y Umbralejo. Su próximo objetivo, recuperar un pequeño puente. Sus recursos, nuestras manos, las de todos. Piden voluntarios. Como aquellas encomiables hacenderas de nuestros padres. Gracias a "Entretodos", se crea una solidaridad entre voluntarios en defensa de pueblos un tanto olvidados. Yo he prometido acudir con mi pala. Espero que todos tengáis la oportunidad de arrimar el hombro en vuestros respectivos lugares. Que no falten nunca quienes luchan por los vecinos, contra la enfermedad, por los jóvenes, por la igualdad, por el medioambiente, por la cultura. Que no se vayan quienes muestran, ante todo, una voluntad de hierro.


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