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Literatura localista

Octubre 23, 2012


  Asistí hace unos días a la presentación del último libro de carácter local que Aache ha publicado sobre pueblos de Guadalajara. Una edición muy cuidada, como es norma en la editorial que regenta el Dr. Herrera. La literatura localista es muy antigua, al hombre de todos los tiempos le sedujo escribir acerca de la tierra en la que desarrolla su vida, bien por el deseo de honrarla o por el simple hecho darla a conocer. Durante los último veinte o treinta años los escritos de esta clase se han generalizado de viagra cealis india forma sorprendente. No me extrañaría que casi la mitad de los pueblos de España cuenten con su ser y con su estar en el mundo, recogido en forma de libro.


    Ésta es de una literatura particular que no debiera pasar desapercibida, pues posee unas cualidades propias muy significativas entre las que se cuenta el conocimiento profundo del lugar del que se escribe, su importancia en el pasado y en el momento presente, por lo que se debe evitar la tentación de caer en lo común con apariencia de exclusivo, y olvidarse por completo de llegarlo a considerar como objeto de ganancia, teniendo en cuenta que el número de low cost viagra sus posibles lectores tiene como apoyo un censo de población bastante reducido, aun contando con los oriundos que viven fuera de su lugar de origen, que por razones obvias suelen ser los más interesados en adquirirlo.


    Las ediciones en tiradas cortas, que es lo propio de esta clase de publicaciones, resultan costosas, requieren un tratamiento generoso en imágenes. La fotografía es parte fundamental en la literatura localista, y como tal, factor muy a tener en cuenta a la hora de sopesar su posible éxito o fracaso. A la gente no le gusta leer, preferimos que las ideas nos lleguen por impacto visual lo menos molesto posible, a lo que contribuye eficazmente una buena fotografía en color que es lo que encarece los libros; de ahí la popularidad y el éxito de online pharmacy meds cialis las guías turísticas de años atrás, que tanto dieron a ganar a ciertas editoriales y tanto ayudaron -justo es decirlo- a conocer España.


    Bienvenidas sean siempre esta clase de publicaciones de temática local con el protagonismo exclusivo de alguno de nuestros pueblos. Sabemos muy bien que muchos de los lugares que antes fueron, hoy solo son un montón de piedras en medio del campo; otros han perdido el elemento humano que les dio la vida; otros pueden desaparecer antes o después si no se les pone remedio, cosa harto difícil por falta de recursos.   

  Termino con un párrafo que extraigo de cialis trial pack next day shipping una carta manuscrita de don Miguel Delibes, fechada en abril de 1986, en la que me decía exactamente esto: “Le felicito en su proyecto de sacar a la luz hasta el pueblo más escondido de esa hermosa comarca de Castilla, que si Dios no lo remedia acabará viviendo únicamente en los libros”. Es la palabra del añorado maestro, del cantor del campo de Castilla que nos dejó como herencia el fruto de blood pressure medication and viagra su talento, tomando tantas veces por escenario de su obra narrativa pueblos como los nuestros.  


 Es cierto que el hombre de hoy, el español medio, puede disfrutar de unas ventajas que hace, no cincuenta años, sino veinte, o diez, no tenía a su alcance. Lo que en este momento escribo junto a la estufa, a la caída de la tarde en mi casa del pueblo, sé que cinco minutos después del punto final se encontrará en la redacción del periódico, gracias al progreso. Hace años hubiera tardado dos días en llegar, como así era, escrito sobre papel, en carta franqueada con un sello, después de haber pasado al menos por tres oficinas de Correos. Sinceramente nos debemos felicitar al disponer en muy poco tiempo de tamaños beneficios.


    No sé si te habrás dado cuenta, lector, de que en muchos países de cvs pharmacy viagra Occidente, entre ellos el nuestro, hace cincuenta años todavía se labraba el campo en muchos de nuestros pueblos con el arado romano -romano, sí; pues no era otro que el que emplearon en su trabajo los campesinos del histórico Imperio, quizás con pequeñas modificaciones- tirado por una yunta de mulas, o de bueyes según las comarcas. Las cartas por entonces se escribían con tinta, sobre papel, y con una plumilla que a cada línea teníamos que mojar de nuevo (salvo que fuera estilográfica y nos ahorrara de este incesante contacto con el tintero); cien años antes se hacía con una pluma de ave, lo que convertía la escritura en una labor todavía más complicada. El bolígrafo, ese humilde aparato ahora tan común, ideal como vehiculo de publicidad, deberá contar entre los grandes inventos del siglo XX. Y como estos que ahora se me ocurren, hay mil ejemplos más que en este momento estarán pasando por tu cabeza.


    Si alguna vez nos detenemos a considerar en estas cosas, llegamos a la conclusión de que el mundo, nuestro mundo, ha adelantado más en los últimos cincuenta años que en los veinte siglos anteriores; y no digo nada si nos metemos en el terreno de las ciencias, de la Medicina y de la Cirugía sobre todo, o de la Tecnología en sus más diferentes aspectos y aplicaciones. Está muy bien, ya lo creo, aunque el mundo jamás será capaz de cialis online online get cialis cheapest agradecer su trabajo abnegado en favor de la humanidad a tantos investigadores y hombres de talento como han compartido y siguen compartiendo nuestro tiempo; aunque ese pueda ser asunto para otro comentario.


    Progresar no es otra cosa que seguir adelante, descubrir nuevos modos capaces de proporcionar al hombre una vida mejor; que los complicados vericuetos por los que ha de abrirse camino, se dulcifiquen, y pueda alcanzar con el esfuerzo de todos, el acceso al bienestar con el que siempre se sueña. La humanidad, como producto del trabajo de muchos, lo tiene todo a su favor si quiere aprovecharlo; pero el hombre, obstinado en refugiarse en su torre de viagra sordera marfil y ausente de su responsabilidad con la  sociedad en la que vive, no es feliz. Mal que nos pese, estamos hablando del ser más complicado que pisa la tierra, y ahí están las consecuencias.     

La nueva Ley de Educación

Septiembre 21, 2012


Con el cambio de gobierno estamos a punto de conocer una nueva Ley de Educación, la esperada, la que sustituya a las seis anteriores que si algo han conseguido no fue otra cosa que situarnos en el vagón de cola del ranking que el informe PISA da a conocer, para nuestro sonrojo, con cierta periodicidad. Aprobado el anteproyecto por el Consejo de Ministros, los trámites seguirán su curso con el periodo de consultas a la comunidad educativa y el espaldarazo final con la aprobación definitiva en un inmediato Consejo. Será la que pasará a llamarse Ley de Mejora de buying cialis la Calidad de la Educación, con la que esperamos adelantar muchos puestos en ese listado que encabezan los mejores. No será fácil. Por su importancia, la Ley de Educación es una de las más susceptibles de resultar infectas a la hora de su aplicación, o lo que es igual, proclive al manipuleo ideológico por parte de las corrientes políticas como instrumento eficaz a su servicio; ya que es el molde por la que se ha de dar forma a los ciudadanos del futuro.


    Pensada como algo fundamental para la educación de los niños y de los jóvenes, en la LOMCE se incluye como norma una mayor atención a las materias instrumentales: Lenguaje, Matemáticas, Ciencias e Inglés, en tanto que se resta importancia a otras de las llamadas optativas. Los contenidos comunes para los estudiantes de todas las autonomías que tengan como lengua oficial el Castellano, será del 75%, y del 65% para los estudiantes de comunidades autónomas que tengan lengua cooficial. Todo para que el sistema educativo “no acabe -según el ministro- derivando hacia diecisiete sistemas educativos distintos”, como ha venido sucediendo hasta ahora. Se piensa recuperar la implantación de evaluaciones finales de ciclo, aquellas a las que nos tuvimos que someter los estudiantes de los años cincuenta y sesenta, y que si bien no aportaban conocimientos nuevos, servían como instrumento para garantizar el estado de preparación en el que salía el alumno.


    La mesa está dispuesta y el menú a punto de servir. Los comensales son los que forman la esencia de la comunidad educativa: alumnos, padres, profesores, y personal de servicio en ciertos aspectos. Como invitados, siempre y cuando colaboren en la buena marcha del centro -cosa que no siempre se da-, los políticos y los sindicalistas. Cada cuál tiene su papel que desempeñar en el proceso educativo: los profesores y alumnos de manera directa, principalmente con su trabajo, y sobre los que, también de forma directa, recae la responsabilidad por cuanto a éxitos y fracasos; también los padres, como colaboradores especialmente interesados en la educación de sus hijos. Por cuanto a los políticos y sindicalistas, a los que el proceso educativo, como no profesionales que son, les coge de soslayo, su función será importante si la saben y la quieren desempeñar: trabajar desde fuera al servicio del buen funcionamiento del sistema, sin ningún otro interés particular ajeno al empeño común, que es la educación de nuestros niños y nuestros jóvenes.


    Si no es así, habrá que considerar a la LOMCE como otra más, lo que no deja de ser triste, desesperante me atrevería a decir.    



Mientras que otros se incorporan al trabajo y soportan el consabido síndrome que cada año se repite por estas fechas a la hora de enfrentarse con la realidad del quehacer diario, capaz de hundir en la miseria -dicen- al más curtido de los mortales, los que por alguna razón no estamos obligados a vivir ese trance nos limitamos a hacer recuento, como meros espectadores, de lo que ha supuesto el paso del verano en tiempos tan delicados como los que nos está tocando vivir, y que de día en día toman matices insospechados, como de ciencia ficción. El hecho que hoy me induce a rellenar este par de cuartillas ocurrió días atrás en Barajas de Melo, provincia de Cuenca, un bonito lugar situado en plena vega a cuatro pasos de la Alcarria Baja. Serían poco más de las diez de la mañana de un día cualquiera de mediados de agosto. El vendedor de sandías se ha encontrado con todo a su favor para ensayar el golpe. La víctima, un anciano al que antes le ha metido por los ojos la insuperable calidad de su producto. Una vez dentro de la casa el vendedor de sandías pide al dueño que le permita pasar al servicio, luego que le sirva un poco de agua fresca del frigorífico que precisa con urgencia. Minutos después el truhán sale de la casa ocultando un bolso de señora que ha visto en alguna parte. El bolso en cuestión contenía la respetable cantidad de cerca de tres mil euros, para el venerable lugareño el equivalente a medio millón de pesetas, y para nosotros también. Toda una fortuna. El final de la historia lo dejo a criterio de tu imaginación, que seguramente coincidirá con la mía. 


   
    Deseo dar por sabido que valoro y defiendo abiertamente a estos servidores de uno de los colectivos menos favorecidos de la sociedad: los habitantes de los pequeños pueblos, a los que con puntualidad abastecen -cada día, o cada semana durante todo el año- los artículos de primera necesidad indispensables para su subsistencia. Profesionales del comercio como servicio, que no tienen, ni exigen, que yo sepa, subvenciones oficiales ni otras mercedes en pago a su servicio, a veces de pura beneficencia; pues hay días de crudo invierno en los que han de recorrer decenas de kilómetros para vender tres barras de pan, dos kilos de carne o uno de judías. Durante el buen  tiempo les llega la justa recompensa; pero es entonces cuando aparece la voraz competencia de los oportunistas, de los luneros, como el del caso que nos ocupa, que cada verano proliferan por los pequeños pueblos valiéndose de potentes megafonías que a veces emplean para faltar al respeto de la clientela.


    Quisiera pensar que estos pícaros desconocidos llevarán en regla todos los permisos y licencias necesarias para ejercer el oficio. Los hay que no dan justificante alguno de la venta realizada, sino que pesan y cobran a su antojo, y se marchan sin otra responsabilidad que la del ahí te quedas. No es una invitación a desconfiar del prójimo, sino a saber distinguir entre quien sirve y quien estafa. Me dirás, lector, que esto también ocurre en los más alto niveles de la sociedad. Tienes razón. Y lo seguirá siendo cada vez con mayor frecuencia y gravedad, en tanto no queramos defender nuestros derechos.

Gaudeamus ígitur

Agosto 24, 2012


  El aviso -humillante, por cierto, debido a la repercusión que puede tener en el resto del mundo- no invita a demasiadas alegrías, como parece aconsejar el himno universitario por excelencia- nos llega desde la Universidad Jiao Tong de Shanghay, en el conocido ranking donde con cierta periodicidad aparecen clasificadas gran parte de las universidades del mundo según sus méritos y efectividad, basándose en los premios, trabajos de investigación, publicaciones, y eficacia académica realizados en sus respectivos campus.


    Ninguna de las Universidades españolas aparece entre las doscientas primeras del referido listado, y en la siguiente centena, es decir, entre los puestos 201 y 300, tan sólo figuran, por este orden, la Autónoma de Madrid, la Complutense y la Universidad de Barcelona. El resto hay que irlo a buscar en las centenas siguientes, donde las encontramos desperdigadas, perdidas, olvidadas. Por el contrario, según los méritos antes apuntados, cuentan entre las diez primeras ocho americanas: Harvard, Stanford…, y dos inglesas: Cambridge y Oxford.


    Hata ahí la noticia. Si nos detenemos a considerar que por prestigio e historia, tomando las antiguas universidades europeas como punto de partida, el ranking hubiera podido ser este: París, Bolonia, Salamanca, Oxford, en los cuatro primeros puestos, la conclusión por cuanto a nosotros respecta es clara: no hemos ganado nada, y hemos perdido mucho. La de Oxford conserva un honroso décimo puesto en el ranking actual.


¿Qué ha ocurrido, pues? Los motivos son varios, y muy diversos. Las causas que podríamos aportar formarían una lista interminable, que, en su conjunto nos han arrastrado a esta situación.


    La universidades en sus primeros tiempos (siglos XII al XVIII) tuvieron como principal función la de aportar sabiduría en materia de Humanidades especialmente, y hemos de reconocer que cumplieron perfectamente con su misión casi todas ellas, las españolas de Salamanca y Alcalá, por supuesto. A la Universidad actual, desde hace más de un siglo se le ha encomendado principalmente como tarea la investigación en los diversos campos, tomando un papel preferente cuanto se refiere a la Biología y a la Tecnología en cualquiera de sus aspectos, dejando como un poco al margen las ciencias del simple saber, propio de las Humanidades. Y con arreglo a esto establecen los expertos mandarines la valoración, el listado universal donde sale a la luz del días el fondo de nuestras deficiencias, a cuyas muchas causas habría que señalar muy en primer lugar los nefastos sistemas educativos que venimos soportando desde hace treinta o cuarenta años, la infravaloración del trabajo personal como servicio, y el predominio del “tener” sobre el “ser” y el “valer”, tan difícil de corregir, y que tantos estragos viene ocasionando en un país, ¿aparentemente? a la deriva.


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