La cafetería La Comarca mantiene su compromiso en Pastrana

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El bar La Comarca se presentó en sociedad en febrero de 2011. Con él se hacía realidad el sueño de este matrimonio madrileño, que un buen día decidió hacer las maletas en busca de un lugar tranquilo en el que vivir y criar a sus hijos. “Trabajar de noche es muy duro”, asegura Ismael, que empezó a ganarse la vida detrás de una barra a los 17 años. Primero, el destino les llevó hasta Hontoba. Allí estuvieron al frente del bar social ‘El Mirador de Hontoba” durante más de 12 años. Durante ese tiempo hicieron muchos de los amigos que hoy siguen conformando parte de la clientela habitual del bar cafetería “La Comarca”. Sin embargo, al final echaron el ancla en Pastrana por la cercanía y porque es allí es donde estudiaban sus hijos. Luego encontraron el local situado en el número 8 de la Calle Mayor, un local diáfano situado en pleno casco histórico e ideal para levantar su sueño.
Ismael no se lo piensa dos veces al responder a la pregunta de cuál es su especialidad: Los huevos rotos y las croquetas, pero le cambia la voz cuando habla de las raciones de callos y oreja, receta especial de la casa. “Tengo dos cocineras, una de ellas mi mujer, que estudió en la Escuela de Cocina de la Casa de Campo”, afirma con orgullo. “Cuando abrimos, pretendía trabajar más la zona de la barra, pero enseguida tuve que poner más mesas”. El bar  había conquistado en pocos días el corazón y el estómago de los pastraneros y desde entonces Ismael y Eva no han dejado de introducir novedades en la carta para diferenciarse de otros establecimientos.  “Ahora hemos empezado a hacer frituras. Nos dimos cuenta de que nadie las hacía y están teniendo mucho éxito”.

Trabajan las raciones y el aperitivo, pero también los desayunos. Para empezar la mañana con buen pie, el cliente puede elegir entre una gran variedad de tostadas a la plancha, tosta con tomate, gofres, croissant, sándwiches, tortitas con nata casera, etc.… No duda tampoco a la hora de definir el signo de identidad de este establecimiento: Un ambiente divertido y agradable  porque, repite de nuevo, “pretendo que la gente deje los problemas en la puerta y se lo pase bien”. Entre las cualidades de su negocio destaca el servicio, la decoración y el espacio de este local. “Además está climatizado”, recuerda Eva. Tampoco hay que olvidar la calidad de los productos que se sirven: “Tenemos magníficos cafés y la cerveza se tira muy bien”. Para Ismael la calidad en un negocio también se observa en los detalles que, en definitiva, son los que hacen que el cliente se encuentre a gusto. Por eso considera importante la limpieza, el mantenimiento y “pequeñas cosas”, como que siempre haya servilletas en el servilletero y jabón y papel en el baño.

Por otra parte, concibe la vocación hostelera como una vocación. “Solo de esta manera se entiende que puedas dedicarle 16 horas al día”, afirma.  “En ocasiones me han dicho que no debe ser muy difícil abrir cervezas y yo les respondo que lo difícil no es abrirlas, sino servirlas”. En eso Ismael tiene ya mucha experiencia, acumulada desde los 17 con los que empezó hasta lo 40 actuales.

Comprar un trabajo
“Mi mujer suele decir que nosotros no hemos montado un bar, hemos comprado un trabajo”,. Materializar los sueños de esta pareja emprendedora no ha sido un camino fácil, pero el futuro no es de los que se quedan en la orilla soñando, sino de los que se echan a andar y arriesgan. A pesar del temporal, Ismael y Eva decidieron compraron este trabajo y han podido sacarlo adelante gracias a la confianza de los proveedores y al apoyo de los amigos hechos a lo largo de muchos años: “Un negocio de estas características tardas dos años y medio en amortizarlo”, explica el hostelero. Asegura que no les falta trabajo, pero que han tenido que afinar los precios para adaptarse a los bolsillos de los pastraneros y que hasta que el negocio no se amortice les toca trabajar “sin ver un duro”, ya que el dinero se va en letras, Seguridad Social e impuestos. “Las administraciones tendrían que apoyar más a los emprendedores porque, en nuestro caso, estamos dando de comer a tres familias”. Ismael y Eva han contratado a una persona para la cocina y otra para la barra. Creen que podría haber trabajo para contratar al menos una más, pero las condiciones económicas actuales no les permite hacerlo.
Con el respaldo que si contaron fue con el de FADETA, que llegó “en el momento más oportuno” para aportar una subvención de más de 10.000 euros. Gracias a ella, pudieron realizar los últimos remates en el local. Tras más de un año de andadura, esta pareja entiende que “algo estaremos haciendo bien cuando la gente vuelve”.  También lo notan en la reacción de los clientes, “cuando te dicen ¡qué bueno está esto! O cuando les llevas la cuenta y nadie pone mala cara por parecerle caro”, aclara Ismael. La prueba de fuego, según relata, la vivieron con motivo de la Feria Apícola de Pastrana. Aunque hay apicultores y agricultores que se acercan a la localidad solo con motivo de esta feria, “entraron por la puerta saludando como si fueran clientes de toda la vida porque se acordaban del trato recibido el año anterior”.

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