Hácerselo mirar

01/12/2014 - 23:00 Javier del Castillo

El éxito mediático del “pequeño Nicolás” es para hacérselo mirar, en un país donde tenemos problemas muy serios, que afectan a la propia estructura del Estado y a la futura gobernabilidad de España, en caso de que se confirmen los actuales sondeos sobre intención de voto. La irrupción en la escena política de algunos estrambóticos personajes - entre ellos ese niñato que ofrecía sus servicios de intermediación al CNI y a la Casa Real -, puede ser fruto de la desconfianza en los políticos y de la vulnerabilidad de nuestras instituciones, pero provoca vergüenza ajena. Está claro que la normalidad en España nos aburre. Ahora que comenzaban a vislumbrarse algunas perspectivas de recuperación y de crecimiento en nuestra economía, reaparece el pequeño Artur Mas dispuesto a convertirse, mediante elecciones plebiscitarias, en el primer presidente de una Cataluña separada de España…, y del resto del mundo. Y todo porque una mayoría silenciosa no da la cara, ni sale a la calle para gritar contra los independentistas, por miedo a ser estigmatizada como antipatriota. Aunque uno es de natural optimista, resulta difícil mantener la esperanza y hasta la compostura cuando desde alguna tribuna pública se pretende tirar por tierra la democracia, la libertad y la convivencia de estos últimos treinta y tantos años.
En la transición se cometieron errores, pero hay que ser un indocumentado y un sectario para no valorar el mérito de quienes cedieron en sus privilegios y de quienes pensaron más en el interés general que en el suyo propio. Un destacado empresario me comentaba hace unos días la buena imagen de España en el exterior, hasta el punto de ponernos como ejemplo de superación y sacrificio. Quizás, pensé yo, porque no conocen lo que se cuece en la trastienda de nuestro patio nacional. Ellos no tienen conocimiento directo de los casos de corrupción, ni de las propuestas de Podemos, ni de los desvaríos que ello provoca en el máximo dirigente del PSOE. Tampoco le dan importancia a las ensoñaciones de Artur Mas, porque estas cosas apenas traspasan nuestras fronteras. Y encima no conocen a nuestro “pequeño Nicolás”, aunque ya ha sido portada de cierta prensa. Va a ser cuestión de mandárselo en misión especial y que se hagan con él una foto.